Entrevista a la fundadora y directora ejecutiva de Ami Iyök, Elena Alarcón.

Entrevista a la fundadora y CEO de Ami Iyök, Elena Alarcón.


Cuando la cosmética deja de ser tendencia y se convierte en propósito.

¿Cómo empezó este proyecto?

Desde pequeña he tenido una sensibilidad muy especial hacia las plantas y los seres vivos en general. Al mismo tiempo, convivía en mí una curiosidad científica bastante intensa (de muy pequeña me encerraba en el baño a leer los prospectos de los medicamentos… sí, bastante freak 😅).

Aunque estudié Económicas, mi corazón siempre estuvo más cerca de la ciencia, la naturaleza y el deseo profundo de crear algo propio. Un proyecto que aunase conocimiento, respeto por la tierra y una vocación real de ayudar.

En un momento vital en el que necesitaba cambios, decidí soltarlo todo: trabajo, pareja, rutina… y me fui a viajar por Sudamérica y Centroamérica en busca de inspiración.

Durante ese viaje conviví con tribus amazónicas, donde conocí por primera vez el Sacha Inchi, un fruto del que se extrae un aceite preciado, “el oro líquido de los incas”. Más tarde, en Costa Rica, conecté profundamente con la tribu Bribrí. Las mujeres utilizaban recursos naturales para sus rituales de belleza y ungüentos, y quedé prendada de esas pieles tan bonitas, pese a pasar horas y horas bajo el sol de la selva.

Todavía recuerdo cómo el chamán de la tribu repetía constantemente “Iyök Ami”, que significaba Madre Tierra. Ahí, sin saberlo, empezó todo.

Al regresar a Europa (en aquel entonces vivía entre Londres y Barcelona), me puse manos a la obra con el business plan de lo que acabaría siendo el proyecto de mi vida: Ami Iyök.

¿Los comienzos fueron duros?

Muchísimo. Hace 14 años el contexto era muy distinto. No existía la apertura actual para crear marcas ni para que un laboratorio apostara por un proyecto pequeño y rebuscado, porque reconozco que soy “especialita”.

Recuerdo llamar a laboratorios y que me preguntasen desde dónde llamaba… y prácticamente colgaran cuando entendían que “no era nadie” y que, además, proponía fórmulas naturales certificadas bastante complejas para aquel entonces.

Formular con emulsionantes y conservantes naturales certificados, con activos potentes que desestabilizaban el pH de las fórmulas, era algo muy avanzado para los laboratorios españoles de entonces. En Alemania era lo normal; aquí no. Eso implicaba mucho tiempo, una inversión enorme en horas y una rentabilidad muy incierta para los laboratorios.

Finalmente encontré un partner de laboratorio e I+D que confió en el proyecto. Para él, el disfrute y el reto estaban por encima del dinero, y conectamos profundamente. Es, sin duda, el mejor formulador del mundo, formado en Israel durante años. El desarrollo llevó dos años y medio de I+D.

Tuve la suerte inmensa de contar con el apoyo de mi familia, especialmente de mi padre, también emprendedor hasta sus últimos días, que confió en mí hasta el final.

De repente me encontré con un almacén lleno de producto (teníamos un local en la calle Avenir, en Barcelona). El primer año empezamos a exportar a Hong Kong y Malasia, lo que nos dio pulmón financiero para seguir escalando el negocio.

Fui aprendiendo sobre la marcha, equivocándome y conociendo el sector desde dentro. Es un sector precioso, pero también extremadamente exigente. Hubo momentos de mucha soledad, dudas y ganas de salir corriendo… y también de un aprendizaje inmenso; ni el máster más prestigioso puede igualarse a toda esta experiencia.

¿Cómo era el sector en aquel entonces?

Estaba muy definido: por un lado, el mass market de lujo, marcas prestige o big players; por otro, alguna marca natural basada sobre todo en aceites vegetales, pero sin fórmulas realmente sofisticadas.

También empezaba a escucharse tímidamente la cosmética nicho o de autor: pequeñas marcas que nacían de proyectos personales como el mío y a las que se les abrían las puertas en perfumerías y beauty boutiques con personalidad.

Hoy en día siguen existiendo las grandes marcas de lujo, en manos de grandes corporaciones. Existen marcas nicho que dejaron de serlo (sobre todo americanas), aunque se sigan vendiendo como “nicho”, pero en realidad, tras grandes rondas de inversión, son ya multinacionales. Grandes grupos del sector las han adquirido para su portfolio propio con el fin de apoderarse de todo el quesito del mercado: mass + niche.

Y luego está el boom de marcas creadas rápidamente, con fórmulas estándar de terceros, cuyo objetivo es ser nativas digitales, facturar traccionando con inversión y hacer un exit (vender la compañía a un fondo).

También existen marcas que seguirán siendo nicho porque priorizan la calidad, la I+D y un crecimiento controlado, sin perder el alma ni poner el proyecto en manos ajenas.

Vivimos en una sociedad de consumo rápido y modas efímeras. Yo defiendo un consumo consciente: elegir no solo por modas, sino por la historia de la marca, la inversión en calidad e I+D, los valores y quién hay detrás.

También animo a mirar hacia la cosmética española. Tenemos algunas de las marcas más bonitas y con mayor calidad del mundo, pero seguimos mirando fuera.

¿Cómo ha evolucionado el sector?

Muchísimo, no sé si siempre para bien. Antes no existían las influencers; las marcas nacían desde proyectos sólidos, con ideas claras, equipos meticulosos y una visión a largo plazo. Hoy en día, muchas veces eres influencer primero y luego creas una marca. No digo que esto esté mal, ojo, pero yo soy vieja escuela y menciono la realidad actual existente.

Si tienes una marca, parece que estás obligada a exponerte en redes, aunque no sea tu naturaleza. Tengo compañeras brillantes en formulación, expertas en activos o regulatory, que no se exponen jamás y se llevan las manos a la cabeza al escuchar a ciertos “divulgadores” jugando a ser expertos. Vivimos en este mundo; hay que filtrar, contrastar y acudir siempre a fuentes fiables y científicas.

Redes sociales y marcas nativas digitales: ¿sí o no?

Las redes son una herramienta potentísima, pero no pueden ser el corazón de una marca. Funcionan cuando hay producto real, visión y estructura detrás. Si todo se basa en viralidad y facturación rápida, se convierte en una máquina de hacer dinero sin priorizar calidad. No es mi visión, aunque respeto y admiro ese modelo desde un punto de vista puramente empresarial.


¿Ami Iyök tiene I+D propio?

Sí, y es una de nuestras grandes columnas. Trabajamos con I+D propio y partners científicos europeos muy especializados. No formulamos por tendencia, sino por necesidades reales de la piel. Para mí, la ciencia en cosmética no es un claim, es una responsabilidad.

Tenemos nuestra propia patente, Kombunectar®, con tests de eficacia en melanocitos y queratinocitos humanos, y resultados excelentes a nivel antiglicación y antioxidante.

¿Qué opinión tienes sobre el greenwashing, el marketing del miedo y el uso de claims como “toxic free” o “vegano``etc etc ?

Estoy totalmente en contra de utilizar mensajes alarmistas como propósito de venta. No creo en el marketing del miedo ni en educar al consumidor utilizando la desinformación como arma. Y todavía me parece más grave el uso de etiquetas sobre ingredientes o fórmulas “eco” u “orgánicas” que en realidad no lo son.

Prefiero transmitir otro tipo de mensaje a la hora de vender un producto: informar al consumidor de forma clara y honesta sobre qué se está aplicando en la piel, cuáles son sus propiedades reales y qué puede esperar de esa fórmula. En Ami Iyök hablamos de slow ageing, de cuidado integral 360º, de hábitos de vida saludables y de sentido común.

Reconozco que soy la primera que prioriza el uso de ingredientes naturales y que evita, en la medida de lo posible, acumular en el cuerpo ingredientes que tienen restricciones por parte de la Unión Europea o que están bajo vigilancia. Pero lo hago desde el equilibrio, sin obsesiones y con mi intuición.

Ejemplo: un activo citotóxico del cual hay estudios que indican que crea deformaciones en los fetos de embarazadas me da señales de que no lo quiero para mí, o, si lo uso, será en su forma más respetuosa y en la concentración más baja posible. Evito también acumular el uso de tensoactivos aniónicos y conservantes cuya nomenclatura no me gusta, pero eso no quiere decir que no los use.

No me parece ético que las marcas utilicen claims como “toxic free”, “natural”, “cruelty free” o “vegan” cuando no lo son realmente. Especialmente cuando, por otro lado, aceptan sin cuestionarlo contratos en China o compran ingredientes allí sin ningún tipo de trazabilidad, o se comen un chuletón los founders cada domingo mientras se forran diciendo que su marca es vegan. Para mí, la coherencia y la honestidad están por encima de cualquier estrategia de marketing.

¿Qué opinas del K-beauty?

Me entristece, por ejemplo, la fiebre por la cosmética coreana, cuando muchos consumidores desconocen el origen real de esa cosmética, en muchos casos los graneles de cosmética vienen de China (no siempre) y en Korea solo se envasa y se etiqueta. Esto además implica desde China experimentación animal, ya que la ley en China está todavía en la zona gris y sigue siendo muy incierto todo, se sigue experimentando, lamentablemente. Es un melón complejo de abrir, pero necesario. Nos dejamos llevar por el precio, los envases coloridos y campañas de marketing a full de inversión en publicidad.

Admiro su velocidad, su capacidad de innovación y la manera que han tenido de educar al consumidor; han hecho muchas cosas muy bien. Sin embargo, también creo que se ha convertido en una moda que muchas marcas occidentales imitan sin entenderla realmente, y que muchas consumidoras compran sin conocer a fondo qué hay detrás muchas veces de esta cosmética que llega de Asia, se pierde totalmente la trazabilidad pero si que vemos una etiqueta Made in en Corea, aunque solo lo hayan envasado y etiquetado ahí, pero no fabricado.

Forma parte del fast consuming y, desde mi punto de vista, no es un consumo responsable en ningún sentido, empezando por la experimentación animal, por mucho que se intente transmitir lo contrario. Personalmente, jamás voy a ser consumidora de este tipo de cosmética. Yo apuesto únicamente por cosmética Made in Spain, de laboratorios de confianza y por marcas de autor españolas, bonitas y con valores reales.

¿Distribución en China: sí o no?

Solo en Hong Kong y en China exclusivamente online. He rechazado contratos físicos de cifras altísimas por la experimentación animal. Me niego rotundamente. Recuerdo a un distribuidor diciéndome: “pero no les hacen tanto daño a los animales”… fue terrible.


¿Cómo ves la evolución de las marcas en general?

Veo mucha prisa. Marcas que nacen para vender rápido, no para permanecer. A veces falta profundidad, paciencia y visión a largo plazo. También hay saturación y agotamiento general: consumidores, creadoras de contenido y marcas. Mucha dependencia de grandes monopolios publicitarios. Confío en que en algún momento volvamos a valorar el pequeño comercio y la experiencia real. Ojalá.


¿Qué consejo darías a quien quiera emprender?

Que persiga sus sueños, pero con los pies en la tierra. Emprender requiere perspicacia, resiliencia y sacrificio. Que se pregunte cuál es su misión, qué problema soluciona y si estaría dispuesto a defender su proyecto incluso en los momentos más incómodos o de adversidad. Y, sobre todo, que entienda que emprender es constancia, coherencia y una enorme honestidad con uno mismo.